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Hacer lo que te dé la gana en Navidad... por que... ¡te lo merecés!

Usualmente cuando trabajo con mis clientes, sean personas individuales, familias o personas con

quienes tengo una relación como instructor, mentor o capacitador, esta idea de: "por que me lo merezco" la revisamos mucho. Es muy común que esa frase que parece tan sencilla tenga efectos muy complicados en la vida de las personas, sobre todo cuando se utiliza para "justificar" o encontrar una "buena razón" para hacer algo que en verdad no es conveniente que hagamos, ya sea por que simplemente es una decisión emocional y no estamos viendo las consecuencias futuras que no pintan bien - o no queremos pensar en ellas - o bien, no es necesario hacerlo/consumirlo/vivirlo/comprarlo, pero bueno... como "me lo merezco", vamos adelante.


Tengo la convicción de que cada uno/a de nosotros/as, MERECE vivir bien, sin embargo lo veo y lo vivo desde un ángulo que no es materialista, es decir, también vivo en este mundo que me pasa diciendo que DEBO tener, que DEBO hacer, que si no tengo o hago algo que otros hacen me estoy perdiendo de algo, que no lo estoy haciendo bien. Sí, vivo también este mundo sí, es nada más, que he aprendido a escuchar al mundo, parar, analizar, revisar mis propias ideas, definir e identificar lo que para mí es realmente importante o imprescindible y desde ahí, tomar mis decisiones. Lo que me he comprendido en este ejercicio de mi vida, en el ejercicio de vivir - y de tener la intención de vivir bien - es que lo que el mundo me pasa diciendo, no es lo que me hace feliz, no es lo que me genera bienestar. Algunos de esos ofrecimientos son divertidos, otros son placenteros, pero no fundamentales. Muchos de esos ofrecimientos y "oportunidades" no están alineados con mi salud mental ni con mi salud emocional, y lo que es muy curioso, es que en ese ejercicio de escuchar, parar, elegir y actuar conscientemente he encontrado un camino muy satisfactorio para vivir con este sentimiento de bienestar todos los días de mi vida - y no estoy rajando, ni mintiendo, estoy compartiendo mi experiencia: es posible vivir bien todos los días. Aquí vuelvo a confirmar algo, estoy convencido de que cada uno, cada una, merece vivir bien y todos los días.



Para mí el principio de vivir bien inicia con una relación íntima conmigo mismo, honesta, no me miento, trato de ser compasivo y benévolo conmigo mismo. De ahí para afuera, voy incluyendo a los otros: mi esposa, mi hijo, mis padres, mi hermana, mis amigos, otros familiares, y al resto de ustedes, pero francamente siempre comienzo conmigo. Me merezco tener una buena relación conmigo mismo, me merezco hablarme honesta y abiertamente, me merezco conocerme y me merezco aceptarme. Merezco desear cambios y mejorías en mí mismo, y merezco poder ser claro y trabajar en ello para seguirme sintiendo bien y hasta mejor conmigo mismo cada día que pase. Y es que, si no me siento bien conmigo mismo ¿qué voy a lograr en este breve espacio de tiempo que tengo de vida? ¿Chuches?... no. Chunches ya tengo, tengo casa, tengo carro, ropa ya tengo, hasta nintendo tengo, tengo 2 guitarras, tengo ahorros e inversiones y cualquiera de esas cosas o todas juntas no me dan el bienestar existencial que disfruto. Tener estos chuches es bonito, se siente bonito pero nada de eso es imprescindible. ¿Logros?... no, tampoco, tengo estudios universitarios, tengo carrera, tengo clientes, tengo ofertas de trabajo, he vivido 18 años muy lindos con mi esposa y eso tampoco es algo imprescindible.


¿Pero entonces qué? ¿Cómo? ¿Qué es lo que uno se merece entonces? Creo que uno se merece simplemente y básicamente vivir bien. Desde cosas tan básicas como poder disfrutar y agradecer la vida, el solo despertar y tener consciencia, porque a partir de ahí ya hay diferencias con respecto otras personas que viven de forma diferente, sin decir que vivo mejor que otros que no puedan o tengan el medio para hacer lo siguiente, en mi caso, agradecer que puedo abrir los ojos y que veo por medio de ellos, que puedo moverme en la cama y que puedo sentir la almohada, la cobija, el colchón, el viento del abanico, que puedo percibir la luz del día. Y es que a veces se nos escapa de la consciencia que hay personas que no tienen vista, que no pueden moverse, o bien que cuándo se despiertan no tienen una almohada, cobija, colchón, abanico, ni habitación, ni techo. Nos merecemos vivir bien, nos merecemos vivir con intención, nos merecemos ser conscientes, nos merecemos disfrutar de lo que ya vivimos, experimentamos y disfrutamos, al punto más básico.


Nos merecemos seguir disfrutando conscientemente del resto del día, el levantarnos, el bañarnos,

desayunar, disfrutar de las personas que conviven con nosotros, que trabajan con nosotros, disfrutar de la vida según avanza el día. Nos merecemos tomar las decisiones que al final del día nos permitan, decir: estoy cansado, tengo sueño, me voy a la cama, llegar a la cama, dar gracias por el día, poner la cabeza en la almohada y dormir profundamente para regenerarnos y levantarnos al siguiente día a seguir disfrutando la vida. Espero que a vos no te pase, pero hay muchas personas que cuando se van a la cama no pueden dormir porque: el día no fue suficiente, o el día de mañana es una incertidumbre muy estresante, sea por la forma en que está viviendo sus relaciones, administrando sus recursos o simplemente viviendo su vida en general.



Este año mi navidad fue diferente, y me da mucha alegría compartirlo, francamente me merecía una navidad así. Esta navidad mi esposa y yo decidimos pasar la navidad en San José, decidimos convivir con mi hijo, mi mamá, y mi abuelo de 93 años que requiere cuidados completos todos los días por 5 días, desde el 23 hasta el